Y el hombre termina con cincuenta y siete perchas en cada mano, cabiendo la posibilidad de otras diez enganchadas en... ¡en el caso de que lo llevara a la vista!
Es por esta situación por la cual los hombres odian ir de compras con las mujeres... Por eso, y porque se sienten un perrito faldero mientras caminan un metro por detrás de la chica mientras ella anda como una posesa dentro de la tienda mirando todas las prendas que de alguna percha cuelgan.
Cierto es que la mujer puede tardar horas en encontrar una camiseta la cual puede encontrarse en la séptima tienda a la que acude, pero hombres, por favor, ¡debéis tener compasión! Esa camiseta hará que la noche siguiente vuestra chica salga de casa preciosa y vosotros podáis sentiros orgullosos.
Ellos no lo comprenden. Les es muy fácil encontrar ropa que les quede bien. ¡Todo lo que se prueban les queda bien! Y si no es así, un 95 % de las prendas lo hacen.
Recuerdo una vez que fui con un viejo amigo a que se comprara ropa. Él, antes de quedar, me comentó expresamente que necesitaba un pantalón, una camiseta y un bañador. Fuimos al centro comercial y entramos en la tienda en la que normalmente adquiría la ropa que le gustaba. En la sección donde los pantalones se encontraban, eligió dos que le llamaron la atención; más tarde el mismo número en la sección de camisetas; y para finalizar un bañador pues el resto no le hacían demasiada gracia. Tras esto, nos dirigimos al probador. Inicialmente se probó las dos camisetas, saliendo del mismo para pedirme opinión sobre cada una de ellas. La primera no me gustó, por lo que la descartó; y la segunda sí que lo hizo, por lo que la guardó. Lo mismo ocurrió con los pantalones y el bañador.
Para terminar fuimos a la caja a pagar; y ¡cómo no! Se llevó a casa un pantalón, una camiseta y el bañador el cual había elegido anteriormente. Creo que el tiempo máximo que estuvimos en la tienda fueron quince minutos. ¡Qué gran placer!
Al contrario que nosotras, ellos son muy directos a la hora de comprar ropa, les da igual la camiseta que elijan con tal de que les guste el dibujo que se encuentra en ella; porque todas las camisetas les quedan bien.
Nosotras no podemos hacer lo mismo, necesitamos mucho tiempo para elegir una prenda pues no todas tienen el mismo corte, o nos quedan igual. Es por esto que los hombres terminan desesperándose cuando nos acompañan.
No odian ir con nosotras de compras, si tardásemos lo mismo que ellos estarían encantados de hacerlo, el problema es que se sienten un perchero cada vez que nos acompañan en esa dura tarea pues hacemos que sujeten todas las prendas hasta la entrada del probador.
¡Sin embargo nosotras los necesitamos! ¡Necesitamos que alguien consiga la ropa que está a una altura descomunal a la cual no llegamos! Y también necesitamos una opinión a cerca de cómo nos queda...
Este es un tema algo complicado... Pues con todo aquello que te pruebes, él te dirá que te queda bien. ¡Eso no es una opinión! Ellos no entienden a cerca de las prendas que visten las mujeres, por eso para ellos siempre vestimos bien. Aunque llevemos puesta una camiseta color rosa fucsia, unos pantalones amarillo pollo y unas botas de monte color rojo, ese conjunto nos quedará bien. Por eso es mejor no fiarse de los comentarios que ellos nos proporcionan y hacer caso de lo que nos diga nuestro propio sentido...
Tras hablar de todo esto ha llegado a mi mente una contradicción. ¿Nunca os ha ocurrido estar en una tienda con vuestra pareja, entrar a probarte el primer pantalón que has elegido, y que él meta la cabeza entre las cortinas, gesticule de manera algo extraña y te pregunte si puede entrar?
Ellos dicen que odian ir de compras con nosotras, pero luego se lo pasan pipa mientras nos desnudamos en el probador. Es algo poco comprensible ¡yo no me pongo cachonda cuando mi chico se quita la camiseta para probarse otra! Pero ellos sí. Será por el hecho de que les da morbo el practicar el sexo en un sitio público; cosa que muy pocas veces consiguen.
¿Será entonces tal hecho el que hace que los hombres odien ir de compras con las mujeres? ¿Les aburre, pasar tiempo detrás de nosotras mientras elegimos qué probarnos, o realmente lo que les molesta es el acabar palotes y sin mojar después de una dura jornada viendo cómo su pareja se desnuda y sin poder hacer nada al respecto? Os dejo con esta idea para que penséis en ello...
Ya para terminar me gustaría comentaros un pequeño aspecto de los hombres.
¿Alguna vez habéis ido con vuestra pareja a una tienda donde vendan accesorios para el coche?
Odian ir de compras con nosotras, pero nosotras debemos seguirlos, al igual que ellos nos siguen en los otros casos, por todos los pasillos repletos de radios, altavoces, llantas y un millar de tonterías más que a ellos les fascinan y por las que gastan horas de sus vidas hasta elegirlas.
Se quejan de que tardamos demasiado en elegir una camiseta. Nosotras nos quejamos de que tardan demasiado en elegir cualquier pijadita para su coche.
¡La diferencia es que ellos son débiles y no aguantan en la batalla!
Finalmente y tras divagar mucho a cerca de este tema, os dejo con las opiniones de las chicas. Cuatro de nuevo, pues a la quinta no le ha sido posible escribirla.
Rioja: “Los hombres y las compras... Dos cosas a mi parecer totalmente opuestas, incluso me atrevería a decir que casi incompatibles.
El hombre al que le gusta ir de compras es el espécimen más raro que te puedes encontrar, pero ¿por qué? Yo creo que un hombre no va de compras por miedo a lo que los demás vayan a decir de él; es como si perdieran su masculinidad, como si fueran más femeninos; y eso no les gusta. Van por obligación o por una posible recompensa después del mal rato que les estamos haciendo pasar (creo que ya sabéis a lo que me refiero ¿no?)
Pero, debo decir que no hay cosa más fea que salir del probador con un vestido super sexy y pillar a tu novio mirando en un probador ajeno... La cara de odio que se te debe quedar en ese momento no debe tener precio.. ¡Y no me diréis que a nadie le ha pasado eso!”
Golondrina: “Lo normal es que cuando le hables a un hombre de ir de compras le dé urticaria. Y puedo llegar a entenderlo, porque normalmente una tarde de compras deriva en hacer de perchero con patas, tener que dar tu opinión sobre cosas que no te interesan o incluso ¡horror! Que tu chica aproveche para intentar cambiar tu forma de vestir (para mejorarla, claro).
Ahora en serio. ¡Exagerados! Ir de compras con una chica no es tan terrible como los hombres cuentan, y su masculinidad no se va a ver reducida por eso, palabra. Es más, si os pedimos vuestra opinión cuando nos probamos algo ¡abrid los ojos! Es para asegurarnos de que os gusta, nosotras ya lo tenemos claro si lo hemos llevado hasta el probador.
Desde mi experiencia, sólo he conocido a UN hombre con el que he podido ir de compras y pasar un buen rato. ¡Y eso le ha dado muchos puntos!”
Burgos: “Desde siempre se ha sabido que a los hombres no les gusta nada ir de compras por el tópico de que las mujeres solo les utilizamos para llevarnos las bolsas. Cuando a un hombre le invitas a una tarde de compras por su cabeza pasa la típica película americana en la que el hombre va detrás de la mujer sujetándole todas las bolsas y pagándole todo.
Qué curiosa la vida que a mi me haya tocado como novio a uno del pocos hombres del planeta que le gusta ir de compras. No es que yo le ofrezca ir y el acepte, sino que muchas veces es él quien me anima a que vayamos. Todo dentro de un límite, en cuanto las compras superan los quince minutos, ya no le hace tanta gracia. A todos nos gusta ir; incluso a los hombres, pero lo que a ellos no les gusta, es ir de compras durante toda la tarde. Así que si tu plan es ir con tu novio, hazlo lo más corto posible y así, incluso él se lo pasará bien.”
Pero, ¿por qué lo odian tanto? Es decir, hombres del mundo, ¿por qué creéis que queremos que nos acompañéis? Simplemente ¡por que vuestra opinión es importante!
Cuando aceptan venir con nosotras comienzan bien; se levantan temprano, van a buscarte y llegáis al centro comercial, las primeras diez tiendas son todo un récord, dan su mejor opinión y con fundamento; pero pasadas dos horas empiezan a sentirse confundidos y empiezan a preguntarse, en qué momento se les ocurrió decirnos que sí... ahí es cuando ( incansablemente ) comienzan a quejarse y a querer irse.
Hombres, tenéis que saber que ir de compras con la pareja ¡es un acto de valientes! y nos importa mucho que lo hagáis...
Y para todos los solteros; ¿es que no veis que donde siempre están las mujeres es en los centros comerciales? Es fácil. ¡Id de caza!”
Al igual que en todas las entradas, expondremos ahora las diferentes conclusiones a las que hemos llegado.
- Los hombres odian ir de compras.
- Creen que pierden su hombría cuando lo hacen.
- Terminan siendo nuestro perchero en cada tienda que pisamos.
- Quince minutos de compras les gustan; más los aborrecen.
Después de leer este final espero que todas las mujeres sean más compasivas a partir de ahora con sus parejas y no les hagan sufrir durante horas y horas... Yo también intentaré aplicarme el cuento, ¡pero es que ver tanta ropa junta me vuelve loca! Supongo que es lo que nos pasa a todas...
Con esto os tengo que dejar que ya es tarde y, como siempre, mañana tengo que madrugar.
Espero que os haya parecido interesante este nuevo tema del que hemos hablado.
Si queréis dejarme algún comentario encantada estaré.
Con un fuerte abrazo me despido.
¡Hasta la próxima!